Francisco Muñoz Lorenzo - página personal     Ir a inicio

Bombardeo de Almería (1873)

El 30 de julio de 1873 Almería fue atacada por fuerzas navales del cantón de Cartagena

Bombardeo-Almeria

Bajo el mando del general Juan Contreras, las fragatas Almansa y Vitoria, portando fuerzas de desembarco, sometieron a la ciudad de Almería a un bombardeo naval, tras negarse sus habitantes a satisfacer las exigencias de los cantonalistas, en lo que podría calificarse como una clara acción de piratería.

Las exigencias de Contreras consistían en la entrega de 2.000.000 de reales (100.000 duros), que los efectivos militares evacuasen la ciudad y que esta se declarase en cantón, so pena de sufrir un bombardeo y la consiguiente ocupación por fuerzas terrestres.

Cartagena se hallaba en una posición de fuerza, debido a su estratégica situación, las fuertes defensas que protegían la ciudad, y la posesión de la mayor parte de la flota del Mediterráneo, surta en su base naval en el momento de la insurrección, todo lo cual le permitió sostenerle un desafío a la República durante los seis meses que se mantuvo “independiente”.

A tal extremo llegó la preponderancia de la marina cantonal, que el Estado tuvo que pedir la colaboración de las potencias con presencia naval en el Mediterráneo, para el apresamiento de los buques que enarbolaran la bandera del Cantón Murciano.

Como estas líneas las dedico concretamente al episodio vivido por la capital de nuestra provincia aquel aciago día, expongo sucintamente el contexto histórico en que se desarrolló:

- Sucedió durante la Primera República, en cuyos once convulsos meses de vida se sucedieron cuatro presidentes.

- El Estado estaba haciendo frente a tres guerras simultáneamente: insurrección en Cuba (guerra de los Diez Años, 1868-1878), última guerra Carlista (1872-1876) y la rebelión cantonal (julio de 1873 a enero de 1874).

- Pocos días antes se había proclamado el Cantón Murciano, en Cartagena, el 12 de julio.

- La presidencia de la República la ostentaba nuestro paisano de Alhama, don Nicolás Salmerón.

 

28-7-1873

El general Contreras ultimaba los preparativos para la expedición naval a Málaga. En su casa de Cartagena se entrevistó con el cónsul de Prusia, de quien obtuvo garantías de que los buques insurrectos no serían molestados por la fragata prusiana Friedrich Carl, fondeada en Escombreras, siempre que salieran con el pabellón nacional y se comprometiesen a respetar a los súbditos e intereses de su nación.

A continuación, Contreras y su escolta de ayudantes se dirigieron al arsenal, embarcándose en la Almansa, donde se estableció la divisa de capitana y general a bordo.

La Almansa levó anclas a la cinco y cuarto de la tarde con rumbo a Poniente. Media hora después zarpó la Vitoria con igual rumbo.

A las cinco y media la fragata prusiana Federico Carlos salió y colocándose entre las insurrectas, siguió el mismo derrotero.

Un gran gentío acudió al muelle, muralla y alturas de la población para ver salir a las fragatas; la parte del pueblo más ignorante y morbosa esperaba nada menos que presenciar un combate naval, y hasta calificaba de cobarde a la fragata prusiana, porque no embestía.

Fragata Almansa         Fragata Vitoria

29-7-1873

Las fragatas Vitoria y Almansa fondearon en Almería a las ocho de la mañana, exigiendo el general Contreras a la población la entrega de 2.000.000 de reales como contribución de guerra, so pena de ser bombardeada.

También exigieron que las fuerzas militares evacuaran la ciudad y que esta se declarase en cantón.

Las fragatas desplegaron ocho lanchones con fuerzas de desembarco y con un cañón montado en cada uno, con el objeto de intimidar a la población.

Las autoridades de Almería comunicaron al gobierno lo que ocurría, y el brigadier Teodoro Alemán, comandante general de la provincia, manifestaba al ministro de la Guerra que respondía de que los sublevados no entrarían en la ciudad, que sería defendida por 1.400 soldados y voluntarios perfectamente disciplinados.

Los jefes militares, autoridades de marina, autoridades civiles y todos los estamentos públicos fueron unánimes: Almería no se dejaba intimidar, y no cedería a ninguna de las pretensiones de quien consideraban un traidor a la Nación.

A las diez de la noche se envió una comisión a bordo de la Almansa (2), a participar al general Contreras que no estaba dispuesta a entregar cantidad alguna, y que obrase como quisiera, que Almería estaba preparada para defenderse.

La comisión se retiró en seguida, y Contreras comenzó a dictar las órdenes para el desembarco, a la vez que los almerienses se aprestaban a la defensa.

Las fuerzas leales enarbolaron la bandera negra en la Alcazaba, en señal de desafío.

 

30-7-1873

A las diez de la mañana rompieron el fuego contra Almería los lanchones artillados y las fragatas, hallando una enérgica resistencia en los soldados, los voluntarios, Guardia Civil y Carabineros, que ocupaban el malecón y el muelle, resguardados por sacos de arena para resistir a los disparos de la artillería.

A las once cesó el fuego, retirándose los lanchones, uno de ellos con grandes bajas. Los defensores no tenían novedad y seguían animados de mayor entusiasmo que antes.

A las dos de la tarde se reanudó el cañoneo, esta vez con mayor energía, por los lanchones y las fragatas.

Hasta cuatro intentos de desembarco fracasaron, rechazados por un intenso fuego de fusilería.

A las seis de la tarde cesó el segundo acto del bombardeo.

Y a las siete de la tarde la flotilla cartagenera levó anclas.

El resultado se condensa en el telegrama del gobernador, enviado a las nueve de la noche:

“Almería victoriosa. A las siete de la tarde salieron con dirección a Málaga las fragatas Almansa y Vitoria. Gran entusiasmo. El primer batallón del ejército y los voluntarios recorren con una banda de música las calles de la población. Fuerzas del ejército vigilan también algunos puntos. No ha habido desgracias que lamentar más que algunos contusos. El destrozo de los edificios ha sido de alguna importancia. La animación renace, y vuelven algunas familias de las que huyeron al anuncio del bombardeo”.

A consecuencia del bombardeo resultó destruida la casa del cónsul prusiano.

Nota del diario La Iberia:

“Una bomba ha destruido la casa del cónsul prusiano de Almería, que había izado la bandera de Alemania; ya estamos metidos en una cuestión que, termine como quiera, jamás será en bien de España. No pecaremos de maliciosos si sospechamos que el disparo muy bien puede haber sido en memoria de la presa del Vigilante (3), que esto y más puede esperarse del prudente y patriótico señor Contreras”.

Nota del diario La Correspondencia de España:

“La opinión general se muestra indignada por la conducta de los insurrectos en Almería, al paso que se hacen entusiastas elogios de aquella población, que izó bandera negra y envió un aviso al Sr. Contreras diciéndole que estaba dispuesta a ser reducida a escombros antes que dejarles fijar la planta en la ciudad”.

 

31-7-1873

El Gobierno de la República recibió un entusiasta despacho telegráfico de Almería, en que la Diputación Provincial, el Ayuntamiento con su alcalde don Antonio Campoy, los voluntarios del primer batallón y el pueblo en masa, pedían para el bravo y entendido soldado sin miedo y sin tacha, a quien Almería había declarado su hijo adoptivo, el brigadier don Teodoro Alemán, el empleo de mariscal de campo, en premio a sus grandes merecimientos.

 

Lo que le sucedió al general Contreras, tras su fracaso en Almería, es descrito por la revista La Ilustración Española y Americana, en su publicación del 8 de agosto de 1873, como sigue:

Los actos de piratería llevados a cabo en Almería por los buques sublevados de la Armada, el hecho vandálico realizado por el ex-general Contreras contra aquella población, han tenido un resultado poco satisfactorio para sus autores. La guarnición, los voluntarios y los vecinos de Almería se han defendido heroicamente, negándose a las exigencias del insurrecto Contreras. Este bombardeó la población en la mañana del día 30, e intentó verificar un desembarco; pero los defensores, dirigidos por el brigadier Alemán, le rechazaron a pecho descubierto. El bombardeo duró hasta las seis de la tarde: a las siete las fragatas levaron anclas, y tomaron el rumbo de Poniente con dirección a Málaga, donde los esperaba un percance más grave que sus frustrados intentos contra Almería.

Al llegar cerca de las aguas de aquel puerto, dispuestos a verificar nuevas exacciones, las fragatas Almansa y Vitoria fueron apresadas por el buque prusiano Federico Carlos y otros dos más, uno francés y otro inglés, y convoyadas a Cartagena con expresa condición de no salir de este puerto. El ex-general contreras y todo su estado mayor quedaron en rehenes en el Federico Carlos, y los voluntarios de Málaga, que habían tomado posiciones para rechazar enérgicamente su agresión, se libraron por esta circunstancia de tratar con el general del Cantón Murciano la inevitable cuestión metálica, que parece ser el santo y seña de la insurrección separatista.

En virtud de este gravísimo percance el Sr. Contreras queda por ahora imposibilitado de continuar la cuestación forzosa que se había propuesto llevar a cabo por el litoral con un entusiasmo digno de mejor causa.

Parece que este, por muchos títulos célebre caudillo de la insurrección federal, al salir de Cartagena se había llevado 60.000 duros, dos pagas adelantadas y el importe de las raciones de los caballos que se habían quedado en tierra.

¿Para qué comentar estos hechos?

 

canton-murciano

Versión de los cantonalistas

Cartagena tuvo su propio periódico, “El Cantón Murciano”, de cuya edición del 5 de agosto de 1873, reproducimos textualmente el relato de la aventura almeriense, versión del bando agresor:

Anteayer fue devuelta su libertad a nuestro querido general Contreras, y ahora que no hemos de acibarar los malos tratamientos de que era objeto con el relato de sus infortunios, haremos públicos los detalles de su expedición marítima, tan calumniada por la prensa, como poco conocida en sus detalles por todo el mundo.

La pequeña escuadra organizada a costa de inmensos esfuerzos en las aguas de Cartagena con buques que la Nación tenía en un estado malísimo que hacía enrojecer el rostro de vergüenza al examinarlos, zarpó de este puerto a las cinco de la larde del 28 con escasa provisión de víveres, no abundantes materiales, y reducidísimos fondos; pero repleta de gente y conducida en alas de un entusiasmo grandísimo que hacía presagiar seguros y señalados adelantos revolucionarios.

Iba de capitana la «Almansa», para que no se dijese que el general Contreras temía el peligro de marchar en un buque de madera, y haciendo adelantar a la blindada «Vitoria», cuyos suelos no le permitían casi moverse, emprendieron el viaje con rumbo a Almería seguidas de la fragata prusiana «Federico Carlos», a nuestra vista desde el apresamiento del «Vigilante».

A las 7 de la mañana del 29 se hallaba la escuadrilla frente a Almería y desembarcando dos hijos de la ciudad que iban en la expedición invitaron a las autoridades para que pasaran a avistarse con el general, haciéndolo primero el gobernador civil, el cónsul inglés, varios contribuyentes, una comisión de voluntarios y algunas otras personas.

El general les manifestó que resuelto como se hallaba a favorecer el movimiento cantonal de la federación española en conformidad con lo decretado por las Cortes y proclamado por el pueblo al abdicar el último monarca, suplicaban le fuesen entregados todos los fondos de la Hacienda popular para atender a los gastos de la Armada, como generales que son de la Federación, y abandonasen la ciudad todas las fuerzas dependientes del gobierno que se oponían a la formación de los cantones, para dejar a los habitantes en completa libertad de declararse o no en cantón, pues si a hacerlo no tenían inclinación, no les hostilizaría.

Llegó una segunda comisión para enterarse de la cantidad que el general decía serle necesaria, y habiéndose hablado antes de ojearla en 50.000 duros se creyó ver en esto una resistencia y se dijo a las comisiones del Ayuntamiento y Diputación que eran precisos 100.000 duros que podrían arbitrar por los medios que estimaran más procedentes. Les reiteró su deseo de que abandonaran las fuerzas del gobierno central la ciudad, y viendo que éstas empezaban á construir parapetos con sacos de arena, se formó una batería con 4 botes artillados que tripulaban 16 marineros y 10 soldados de ejército cada uno, al mando del teniente coronel Rivero, y se dirigió con ellos hacia la costa.

Al desplegarse en guerrilla los botes con bandera de parlamento, salió de la villa otro con la misma enseña, conduciendo al Coronel graduado Teniente coronel de Carabineros, un Comandante graduado capitán de infantería, representando al brigadier Alemán, y varios paisanos que se acercaron hasta interrogar a los botes armados qué misión llevaban, por lo que fueron conducidos a bordo para conferenciar con el general.

Parecieron convenir en que dejarían en libertad al pueblo si quería constituirse en cantón y que no hostilizaría á los federales salidos de Cartagena; pero que de ningún modo saldrían las fuerzas de la ciudad ni abandonaría las posiciones que estaban defendiendo.

Llegaba ya la noche y el general les hizo entender que no pretendía un desembarco y mucho menos por el punto que defendían, pues es más favorable la entrada por los costados que efectivamente empezaron después á defender y les manifestó que si la guarnición no salía se vería en el caso de expulsarla a cañonazos.

Cuando por la noche bajaron a buscar agua el capitán Flores y el pagador de la «Almansa», encontraron trabajando en las obras de defensa a los guardias civiles y carabineros, y en vista de esto al amanecer del 30 se prepararon las fragatas par a lanzar sus fuegos sobre los edificios de la población.

El general señaló a algunos de Almería los puntos donde dirigía sus tiros; la capitanía del puerto donde estaban algunas autoridades militares, una casa situada delante del cuartel de Guardia Civil que servía a ésta de parapeto y el sitio donde se hallaba el resto de la guarnición.

Salió el ayudante Rivero a llevar los correspondientes oficios de aviso a los cónsules y al llegar a la orilla recibió la orden de dirigirse exclusivamente al Gobernador militar, en cuya presencia explicó su misión y para ejecutarla se le acompañó de dos oficiales con órdenes de no dirigirse a ningún punto más que a las casas de los cónsules.

El Brigadier militar añadió —Al general Contreras le hace V. presente la expresión de mis respetos—.

En el trayecto que recorrió tropezó con un paisano que llevaba gorra con insignias de jefe el cual vitoreó a la República Federal y fue contestado por Rivero, a la Asamblea y al gobierno, que no fue contestado por éste; pero sí por unos diez o doce hombres armados que se acercaron y prorrumpieron en mueras a Contreras y a su ayudante y a los traidores.

Los oficiales que acompañaban al ayudante Rivero lograron aplacar la exaltación de aquellos inocentes serviles y no encontrando a ninguno de los cónsules en sus casas, por haberse retirado al campo, pasó a bordo de un vapor inglés, donde se hallaba el de esta nación, el cual dio recibo de su oficio y de los seis correspondientes a sus demás compañeros de representación.

A las diez menos cuarto comenzaba el fuego contra los edificios señalados de Almería, con disparos de dos lanchas y de la «Vitoria» dando largos intervalos de media en media hora para enarbolar bandera de parlamento, que no era contestada en ninguna parte.

Una de las primeras balas, porque todos los proyectiles fueron de esta clase, excepto una granada que inconvenientemente lanzó la «Vitoria», se dirigió y cayó en la fábrica del gas, pero enarbolada enseguida bandera francesa en un edificio contiguo no se volvió a disparar sobre ella así como tampoco sobre el interior de la población que fue en un todo respetada.

A la bandera de parlamento, solamente contestó el castillo a media tarde enarbolando la bandera negra y duró el fuego con la misma lentitud hasta las 6 de la tarde, habiendo disparado unos treinta y tantos cañonazos.

La plaza contestó desde el primer disparo con una lluvia de balas, que cayeron sobre las lanchas, hiriendo a un soldado en una mano y a otro en un pie, únicas desgracias que hubo que lamentar entre las gentes de los buques.

Levadas anclas al anochecer, amaneció el día 31 en Motril, donde no pensaba detenerse sino muy poco el general para dejar los heridos; pero visitado e instado a que bajase por muchos correligionarios, se acercó al pueblo distante algún tanto del puerto, pidió algunos fondos que las fábricas le dieron en letras sobre Málaga por valor de 160.000 reales y se entretuvo todo el día no saliendo sino muy tarde para Málaga.

 

Hasta aquí el relato de este episodio de la historia de nuestra capital, fundamentado exclusivamente en informaciones dadas “en tiempo real” por la prensa de aquellos días, de uno y otro bando.

 

(1). Aunque la denominación oficial era Cantón Murciano, era más usado el nombre de Cantón de Cartagena, debido a que fue en esta ciudad donde se desarrolló casi toda la actividad revolucionaria, y donde se refugiaron las autoridades tras la pronta caída de Murcia el 12 de agosto.

(2). La Almansa era el buque insignia de la expedición. Wikipedia, en su artículo “Batalla de Almería (1873)”, se equivoca al incluir en la misma a la fragata “Numancia”, que en aquellas fechas se hallaba en Cartagena sometida a importantes reparaciones, según el diario El Cantón Murciano de 29-7-1873, página 2.

La fragata blindada Numancia fue el glorioso buque insignia de la flota del Pacífico, a bordo del cual el contraalmirante D. Casto Méndez Núñez inmortalizó la frase "más vale honra sin barcos que barcos sin honra", en la batalla de El Callao (2-5-1866).

(3). El 23 de julio volvía una flotilla cartagenera de una incursión a Alicante, con la presa hecha del vapor “Vigilante”, cuando la fragata blindada prusiana Friedrich Carl les arrebató la presa, amparándose en el decreto del presidente D. Nicolás Salmerón, que clasificaba a los buques cantonales y sus tripulaciones como piratas; el Vigilante fue devuelto a las autoridades de Madrid.

 

Fuentes

Publicaciones en 1873 de:

-La Correspondencia de España

-La Iberia

-La Ilustración Española y Americana

-El Cantón Murciano

 

Francisco Muñoz Lorenzo. Adra-Hospitalet, enero-2018.